miércoles, 11 de septiembre de 2013

LOS INVISIBLES...

Hace unos años el Señor me regalò un mensaje que le puse ese tìtulo...

"Los Invisibles" Se trata de los tres valientes que fueron a traer agua del pozo de Jacob que estaba detràs de las trincheras enemigas y del cual David habìa dicho: "Quièn me diera de beber del agua del pozo de Jacob". Uno de sus guerreros escuchò la peticiòn. Se lo contò a otros dos amigos y los tres se metieron entre el ejèrcito enemigo, cortaron algunas cabezas, dos se quedaron defendiendo al tercero mientras èste sacaba agua del pozo y los tres, chorreando sangre enemiga y sudorosos, se presentaron ante su rey y le entregaron su carìsimo trofeo: El agua del pozo...

Con razòn David no quiso beberla cuando vio a sus hombres llenos de la sangre enemiga, salpicados por el sudor que significò bajar y subir la loma en donde estaba acampado el rey...

Pero: ¿Quiènes eran esos tres hombres valientes que nadie, nunca, nadie los igualò? Se dice que Joab fue un valiente, se menciona a Benaìa que matò un leòn en plena nevada, se hace una lista extensa de los treinta valientes que David tenìa en su ejèrcito... pero tambièn se dice que nadie igualò la hazaña de sus tres valientes...

Pero no se dan sus nombres. Invisibles. Incògnitos. Inèditos. Sin rostros. Sin cuerpo. Sin linaje ni ascendencia... Solo su valor y su arrojo. Su triunfo. Su sacrificio por complacer un deseo del rey...

Creo que hoy hay muchos pastores que se parecen a estos tres desconocidos de linaje y familia. Cada viernes que me reùno con un grupo de ellos en Lourdes para compartir la oraciòn y la Palabra que ellos me predican me admiro de escuchar sus historias: Historias de amenazas de mareros. Amenazas de vecinos que no quieren que su templo estè en su barrio. Amenzas de otro pastor màs "grande" que èl. Amenazas del rico de la congregaciòn. Amenazas de enfermedades y escacès financiera...

A ninguno conozco de nombre. Solo sè que son siervos del Rey que tratan de complacerlo haciendo lo mejor que pueden, exponiendose al vituperio y al peligro de andar por las noches por esos callejones oscuros de sus barrios de Lourdes en donde acecha el enemigo lleno de tatuajes y con un puñal en la cintura...

Pero a ellos nada les amedrenta. No los asusta la oscuridad ni la maldad que circunda sus congregaciones o sus cantones. Son los inèditos de Jesùs que tambièn, como aquellos tres valientes de David, se pasan a las lìneas enemigas a conquistar sus corazones y sus vidas para el Rey de reyes. Los admiro. Siempre les digo que ellos son superiores a mi que pastoreo una preciosa congregaciòn en la ciudad llena de luz y protegida por razor en las orillas de las paredes...

Va para ellos y muchos como ellos mi màs sincero saludo y me quito el sombrero ante esos desconocidos, hombres sin nombre ni apellido pero que estàn allì, buscando como hacer la Voluntad del Señor para llenar su barrio y su cantòn con la Palabra que da vida... ¡Sigan adelante, queridos hermanos...!

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